
Antes de que existiera una palabra para ello
Nunca planeé hacer lencería, al menos sobre el papel. Crecí entre Italia y la Costa del Sol, en una familia de emprendedores donde todo apuntaba a algo lógico: números, pantallas, planes sensatos.
Pero fuera lo que fuera lo que debía estudiar, mis manos siempre estaban en otra parte. Dibujando, drapeando, deshaciendo costuras solo para ver cómo estaban hechas. La pasión estaba ahí mucho antes de que tuviera una palabra para ella.






